Lírida
La cabeza le daba vueltas. Despertar bajo el hastío del calor en el interior de la tienda en la que dormía con sus padres y sus dos esclavos, ya había sido suficiente tortura. Que sintiese la cabeza abotargada, pesada y bajo la tensión de un dolor tenaz, pasó a parecerle una tortura. Había bebido demasiado vino en la ceremonia del día anterior, mucho más del que solía beber. Había decidido deleitarse con el sabor de las uvas de otras tierras, sobretodo porque durante la noche, la bebida fue si única distracción. Por ello, aquella mañana, se sentía enormemente arrepentida.
-¡Buenos días! ¿Listos para acudir al primer día de los Divinos Juegos?- Eonidas se mostraba pletórico. Si bien Lírida juraría que bebió tres veces más que ella, su padre mostraba un ánimo totalmente renovado y exento de dolor.
-Baja la voz- gruñó la chica mientras peinaba sus cabellos con las manos, liberándolos de todo recogido. Sentía que si los recogía, el cuero cabelludo se le tensaba, lo que provocaba más dolor aún.
-¿Vas a ir así? ¿Qué van a decir de ti?- Idice se llevó las manos a las caderas al contemplar los ondulados cabellos de su hija caer con descontrol sobre sus hombros, como si se tratase de una cascada rebelde de todos castaños y oscuros.
-¿Qué problema hay?- Lírida decidió no mirar a su madre. Aquella mañana no estaba preparada para recibir sermones.
-Nadie va a fijarse en ti-
-¿Y quien quieres que se fije en mi? ¿Un candidato?-
-Sería todo un honor que contrajeras nupcias con el ganador, por supuesto-
-Eso en el caso de que él, o algún participante, sigan en soltería, claro está-refunfuñó la chica. Desobedeciendo a su madre, decidió dejar sus cabellos estar y, tras recolocarse la túnica roja sobre un hombro, dejando el otro al descubierto, se encaminó ella sola en la dirección en la que todos los visitantes marchaban: al estadio.
Dar con un asiento cercano al terreno de juegos fue algo sumamente imposible. Los visitantes debían haberse despertado muy temprano aquel día para encontrar asiento, o sencillamente, sus privilegiados estatus los llevaron a tener ventaja sobre los demás. Lírida y sus padres se sentaron en uno de los asientos situados en la zona alta de las gradas circulares de piedra que rodeaban todo el recinto. La chica se sentó de mala gana, con los brazos y las piernas cruzadas.
-¿Se puede saber qué te ocurre ahora?-
-Odio que Teseo tenga que quedarse fuera. Él quería estar aquí- Idice puso los ojos en blanco y decidió no seguir más el imposible juego de su hija.
-Hija...- Eonidas extendió su mano hasta coger la de la chica -Al menos, procura disfrutar. Guarda en tu memoria lo que veas para después contárselo a ese chico ¿De acuerdo?- Sin darle tiempo a la chica a contestar, el público se puso en pie, vitoreando y aplaudiendo como si presenciasen la llegada de un auténtico Dios. Sin embargo, no era un Dios a quien contemplaban, sino la entrada de todos los participantes de los Juegos que competirían durante varios días en distintas modalidades. Entre aplausos, la chica los contempló uno por uno: Altos, fuertes e insultantemente atractivos. Todos desnudos, mostrando zonas corporales que para algunos debiesen ser íntimas, y bañados en una especie de aceite de oliva que los hacía brillas bajos los impasibles rayos del sol. Lírida no pudo evitar mirarles de arriba abajo y estudiarles con curiosidad. Admitía para sus adentros que les gustaban y que incluso podría llegar a fantasear con ellos en alguna situación bien distinta a aquella, pero, era incapaz de ver la belleza completa en aquellos hombres. La belleza física era indiscutible, sin embargo, ¿Donde quedaba la belleza de la mente?
Los Juegos dieron comienzo poco después de aquel primer recibimiento. La primera categoría, la cual se encargó de iniciar la competición de forma oficial, fue el lanzamiento de disco. Uno por uno, los distintos candidatos de las polis fueron realizando sus lanzamientos. En contraposición a los rostros boquiabiertos y asombrados del público, Lírida se mostraba totalmente aburrida. No imaginaba que aquella categoría pudiera llegar a ser tan aburrida. Seguidamente, tras nombrar al primer vencedor del día, que pertenecía a Serta, dio comienzo la prueba de jabalina. A Lírida se le encogió el corazón, consciente de que aquella categoría era la preferida de Teseo.
-Cuando estén proclamados todos los ganadores, habrá una ceremonia de entrega de premios en el templo y...- La chica no llegó a oir a su padre relatar sus conocimientos. Se giró sobre el sitio para comprobar si era capaz de ver a Teseo, subido sobre algún pilar, contemplando los Juegos. Por desgracia, el gentío y el alboroto era tan notable que no pudo divisar nada. Con tristeza, volvió a su posición original y dejó caer su cabeza sobre sus dos manos, cuyos brazos se apoyaban sobre sus rodillas. Definitivamente, los Juegos no estaban mostrando nada interesante para ella.
Los Juegos dieron comienzo poco después de aquel primer recibimiento. La primera categoría, la cual se encargó de iniciar la competición de forma oficial, fue el lanzamiento de disco. Uno por uno, los distintos candidatos de las polis fueron realizando sus lanzamientos. En contraposición a los rostros boquiabiertos y asombrados del público, Lírida se mostraba totalmente aburrida. No imaginaba que aquella categoría pudiera llegar a ser tan aburrida. Seguidamente, tras nombrar al primer vencedor del día, que pertenecía a Serta, dio comienzo la prueba de jabalina. A Lírida se le encogió el corazón, consciente de que aquella categoría era la preferida de Teseo.
-Cuando estén proclamados todos los ganadores, habrá una ceremonia de entrega de premios en el templo y...- La chica no llegó a oir a su padre relatar sus conocimientos. Se giró sobre el sitio para comprobar si era capaz de ver a Teseo, subido sobre algún pilar, contemplando los Juegos. Por desgracia, el gentío y el alboroto era tan notable que no pudo divisar nada. Con tristeza, volvió a su posición original y dejó caer su cabeza sobre sus dos manos, cuyos brazos se apoyaban sobre sus rodillas. Definitivamente, los Juegos no estaban mostrando nada interesante para ella.
Teseo
-Me lo he perdido- Teseo mostraba un rostro de profundo desasosiego aunque quisiese remediarlo. No quería estropear la experiencia ni a Lírida ni a sus amos, de manera que decidió callar mientras todos tomaban un almuerzo ligero en el interior de la tienda, una vez finalizada la primera mitad de la jornada del primer día. El esclavo intentó observar por todos los medios las pruebas que se realizaron durante la mañana sin éxito alguno. Eran tantos los esclavos que habían quedado fuera del estadio, que los terrenos colindantes al mismo se habían convertido en una competición añadida y externa en la que todos los sirvientes procuraban subir a los pilares que rodeaban el estadio, a fin de tener las mejores vistas de los Juegos. Teseo no consiguió subir a ninguno después de ser empujado y excluido por todos sus iguales. -¿Puedo saber quien ganó?-
-Los arisos, por supuesto- comentó Eonidas justo al terminar de comer.
-Justo como esperaba- sonrió el chico.
-¿No apoyas al representante de tu propia polis?- Idice alzó una ceja
-No, no. En absoluto. El representante de Eteria tiene todo mi apoyo y admiración. Simplemente es sabido que los arisos son duros competidores y constantes ganadores de los Divinos Juegos-
-Deja que Teseo tenga admiración por quien quiera, madre- bufó Lírida poniendose en pie y saliendo de la tienda, evitando escuchar la respuesta que su madre tuviese que dar.
-¿Has oído a tu hija?- preguntó la Dama de Bronce con incredulidad.
-Admite que tienes una hija original- dijo Eonidas, intentando quitar hierro al asunto y poniendose también en pie. La segunda parte de los juegos empezaría muy pronto y se prolongaría hasta el atardecer.
-¿Original? Poco me extraña que de aquí a un ciclo empiece a decir que no cree en los Dioses- gruñó la mujer. Eonidas y Teseo se miraron al instante con cierta intención en la mirada. Si bien Idice no se había fijado, ambos hombres habían compartido un segundo de conexión en el que se entendieron. Y es que ninguno de los dos pensaba que esa posibilidad fuese algo descabellado para una mujer como Lírida.
Teseo volvió a separarse de sus amos y, aquella tarde, decidió ni tan siquiera intentar subirse a un pilar. Decidió echarse sobre la hierva, a la sombra de un enorme olivo puntiagudo. Nadie parecía prestarle atención y Athena se había quedado custodiando la tienda, de modo que incluso se permitió echarse una ligera cabezada.
Al despertar, la tarde ya había profundizado en el tiempo y el cielo se mostraba de un color anaranjado, como el de un melocotón maduro. Teseo se sintió mal y preocupado. Había dormido demasiado ¿Y si sus amos le habían buscado? ¿Y si se le requería para algo? Por otro lado, había estado tan cansado tras ciclos y ciclos de trabajo, que aquella siesta le había sentado de maravilla. Tras ponerse en pie, decidió volver a acercarse a los pilares de los que aún colgaban esclavos que jaleaban y vitoreaban a los participantes desde su humilde y complicada posición. El chico los miró con envidia, para cruzarse de brazos y decidirse a esperar.
-¿No te gustan los Juegos?- Teseo se giró para identificar al hombre que le hablaba, descubriendo que se trataba del esclavo de la noche anterior.
-¿Qué quieres?-
- Nada ¿Qué puede querer un hombre que no es libre?- Teseo decidió no responder a aquella pregunta tan obvia. Agachó la mirada con tristeza -Voy a intentar subir a un pilar-
-Yo lo he intentando, pero no me lo han permitido-
-Pues yo lo voy a hacer. El patrocinado de mi amo compite en la categoría de lucha- El chico abrió los ojos de forma rápida. ¿Iba a conseguirlo? Desde luego, su cuerpo ancho y fornido le ayudarían. -¿Quieres subir?-
-S...Sí, claro que sí- Al afirmarlo, el esclavo se aventuró a paso ligero y decidido hasta una de las columnas. Empezó a subir de forma descarada, sujetándose con habilidad a las piedras y rocas que sobresalían y que le permitían mayor sujeción. En vez de seguir subiendo, le ofreció su mano a Teseo, para después tirar de él y ayudarle a colocarse a su altura. Seguidamente, el esclavo comenzó a sortear cuerpos y hacerse un hueco en la zona más alta del pilar, hasta la que Teseo consiguió llegar con enorme dificultad. Algunos esclavos se quejaron, y otros, simplemente siguieron en su sitio y dejaron hueco, absortos en la competición. -Vaya...-
-¿Tu primera vez en los Divinos Juegos?-
-Sí. Es la primera vez que invitan a mi amo. Es astrónomo y un buen político-
-¿Amo? ¿Es el esposo de la mujer a la que importuné ayer?-
-No, es su padre-
-¿Y llamas ama a la hija emancipada de tu amo ?-
-Ella no está emancipada. No tiene esposo- afirmó. El esclavo frunció el ceño y después pestañeó. -Me llamo Teseo- añadió el chico, ligeramente avergonzado por razones que escapaban a su entendimiento.
-Ares- El chico se vio sorprendido por el nombre de su igual, dado que se trataba de un nombre importante y morboso para alguien de tan bajo estatus social. Estaba seguro de que muchos, durante su vida, habrían encontrado indecoroso que un esclavo portase tal nombre, pero decidió no revelar ninguno de estos pensamientos. -Mira, ya empieza-
Lírida
-...y perdió el patrocinado- explicó Teseo a la chica mientras ambos daban una vuelta por el lugar. El primer día de Divinos Juegos había finalizado y todos los invitados se encontraban festejando el acontecimiento de forma más tímida que la noche anterior y desde sus respectivas tiendas. Lírida encontró que era buen momento para pasear bajo las estrellas por aquella ciudad tan importante, sobretodo ahora que los terrenos que colindaban el estadio estaban desprovistos de visitantes.
-Es una lástima. Volvió a ganar un ariso-
-Ese esclavo, Ares, pareció bastante decepcionado cuando el ariso ganó. Bajó del pilar y desapareció, de manera que tuve que bajar yo solo y con mucha dificultad- Lírida rió solo de imaginar sus piernas delgadas y huesudas deslizarse con dificultad pilar abajo.
-Me alegro de que al menos encontrases la forma de ver la competición. Espero que mañana vuelvas a conseguirlo. Te prometo que si me encuentro igual de aburrida que hoy iré a buscarte y yo también me subiré a un pilar-
-Bromeas-
-Te lo prometo. Estar sentada tantas horas junto a la Dama de Bronce es una divina tortura. Además, se ha pasado todos los descansos codeándose con hombres de cabezas canas y señalando hacia mi. Esta desesperada-
-Es ligeramente comprensible-
-Pues yo no lo comprendo, Teseo. No quiero. No quiero que esta sociedad me diga con quien tengo que casarme y cuando. Igual que no quiero que la sociedad te diga lo que tienes que hacer. Nos las damos de avanzados, grandes filósofos y pensadores, y sin embargo, siento que tenemos una forma de ser muy atrasada. No quiero que el futuro sea así. No quiero que nuestro futuro sea así.- gruñó -Si algún día concibo una hija con algún hombre, te juro que...- el silencio se hizo sepulcral entre ambos cuando un enorme alarido de dolor llegó hasta sus oídos. Esclavo y mujer se miraron sin comprender hasta que volvieron a escuchar otro similar, esta vez más similar a un grito de horror. -¿Que pasa?-
-Lírida, vámonos-
-No, a alguien le está pasando algo- Los pies de la chica caminaron raudos sobre la hierva. Cada vez oía más de cerca aquellos gemidos, ahora acompañados de un sonido corto y agudo. Lírida caminó junto a las columnas, rodeando toda la zona exterior del estadio hasta que finalmente, encontró la fuente de aquellos ruidos.
El esclavo de la noche anterior, Ares, se encontraba de rodillas en el suelo mientras que un hombre de baja estatura y brazos delgados se afanaba en hacerle sufrir a base de latigazos rápidos y certeros. Tenía la espalda llena de sangre proveniente de profundas heridas de piel abierta. -¿Qué esta haciendo ese hombre?-
-Lírida, vámonos. Esto no es asunto nuestro. Ha debido hacer algo mal y está recibiendo su castigo. Marchémonos, por favor - dijo Teseo sujetándola de la muñeca. había estado persiguiéndola todo el tiempo y empezaba a adivinar las acciones que su ama tenía en mente. Por un momento, la chica estuvo a punto de hacer caso al chico. Sin embargo, la brutalidad de aquellos latigazos se acrecentó. El amo que castigaba tan severamente al esclavo parecía obnubilado en aquella actividad. Sus continuos golpes se aceleraban conforme su respiración se agitaba y su sonrisa se ampliaba. Estaba gozando de aquella situación, de manera que los latigazos dejaron de producirse en la espalda y uno de ellos alcanzó al esclavo en plena frente, haciendo que éste gritase y cayese al suelo incapaz de soportar el dolor.
-¡Detente!- gritó la chica tras deshacerse del agarre de Teseo y encaminarse hacia el amor -¡Basta ya!- con decisión, la chica agarró el brazo del hombre y le detuvo. Estaba tan cegado por el gozo que a penas se dio cuenta de su presencia hasta que la chica se interpuso -¡Dudo que haya cometido un error tan grave como para recibir este castigo! ¡¿A caso eres un sádico?!- Lírida se arrodilló rápidamente en el suelo y ayudó al esclavo a sentarse. -Eh, eh. ¿Estás bien?- quiso saber, al tiempo que tomaba su rostro entre sus manos y comprobaba que mantenía la visión firme sobre ella, en vez de perdida. Echó mano de su cinto, sobre el que colgaba una pequeña bolsa de la que sacó un pañuelo con el que empezó a limpiar la herida con leves toques sin dejar de sujetarle el rostro -Ya está, sostén el pañuelo sobre la herida- ella misma colocó la mano del hombre sobre el pañuelo y le dejó estar. Con rostro rabioso, volvió a ponerse en pie para encarar al hombre.
-¿Y tú quien eres, mujer?-
-¿Qué importa? No estaría aquí de no ser por la brutalidad de tus acciones. ¿Por qué tratas así a tu esclavo?-
-¡Porque es mi esclavo! ¡¿Acaso no tengo derecho a hacer lo que me plazca con él?!-
-Una persona como tú no debiese tener derechos- pronunció la chica con dureza. Por un segundo, aquel amo la miró con ojos húmedos de rabia y humillación. Después, su puño fue directo al rostro de la chica, contra el que estalló hasta hacerla caer al suelo.
-¡Ama!- la voz de Teseo sonó lejana en los oídos de la chica, a quien la boca empezó a saberle a sangre y cuya cabeza empezó a dar vueltas. Se llevó una mano a la mejilla para intentar después ponerse en pie... ¿Con qué derecho le había puesto una mano encima?
-Lírida, vámonos-
-No, a alguien le está pasando algo- Los pies de la chica caminaron raudos sobre la hierva. Cada vez oía más de cerca aquellos gemidos, ahora acompañados de un sonido corto y agudo. Lírida caminó junto a las columnas, rodeando toda la zona exterior del estadio hasta que finalmente, encontró la fuente de aquellos ruidos.
El esclavo de la noche anterior, Ares, se encontraba de rodillas en el suelo mientras que un hombre de baja estatura y brazos delgados se afanaba en hacerle sufrir a base de latigazos rápidos y certeros. Tenía la espalda llena de sangre proveniente de profundas heridas de piel abierta. -¿Qué esta haciendo ese hombre?-
-Lírida, vámonos. Esto no es asunto nuestro. Ha debido hacer algo mal y está recibiendo su castigo. Marchémonos, por favor - dijo Teseo sujetándola de la muñeca. había estado persiguiéndola todo el tiempo y empezaba a adivinar las acciones que su ama tenía en mente. Por un momento, la chica estuvo a punto de hacer caso al chico. Sin embargo, la brutalidad de aquellos latigazos se acrecentó. El amo que castigaba tan severamente al esclavo parecía obnubilado en aquella actividad. Sus continuos golpes se aceleraban conforme su respiración se agitaba y su sonrisa se ampliaba. Estaba gozando de aquella situación, de manera que los latigazos dejaron de producirse en la espalda y uno de ellos alcanzó al esclavo en plena frente, haciendo que éste gritase y cayese al suelo incapaz de soportar el dolor.
-¡Detente!- gritó la chica tras deshacerse del agarre de Teseo y encaminarse hacia el amor -¡Basta ya!- con decisión, la chica agarró el brazo del hombre y le detuvo. Estaba tan cegado por el gozo que a penas se dio cuenta de su presencia hasta que la chica se interpuso -¡Dudo que haya cometido un error tan grave como para recibir este castigo! ¡¿A caso eres un sádico?!- Lírida se arrodilló rápidamente en el suelo y ayudó al esclavo a sentarse. -Eh, eh. ¿Estás bien?- quiso saber, al tiempo que tomaba su rostro entre sus manos y comprobaba que mantenía la visión firme sobre ella, en vez de perdida. Echó mano de su cinto, sobre el que colgaba una pequeña bolsa de la que sacó un pañuelo con el que empezó a limpiar la herida con leves toques sin dejar de sujetarle el rostro -Ya está, sostén el pañuelo sobre la herida- ella misma colocó la mano del hombre sobre el pañuelo y le dejó estar. Con rostro rabioso, volvió a ponerse en pie para encarar al hombre.
-¿Y tú quien eres, mujer?-
-¿Qué importa? No estaría aquí de no ser por la brutalidad de tus acciones. ¿Por qué tratas así a tu esclavo?-
-¡Porque es mi esclavo! ¡¿Acaso no tengo derecho a hacer lo que me plazca con él?!-
-Una persona como tú no debiese tener derechos- pronunció la chica con dureza. Por un segundo, aquel amo la miró con ojos húmedos de rabia y humillación. Después, su puño fue directo al rostro de la chica, contra el que estalló hasta hacerla caer al suelo.
-¡Ama!- la voz de Teseo sonó lejana en los oídos de la chica, a quien la boca empezó a saberle a sangre y cuya cabeza empezó a dar vueltas. Se llevó una mano a la mejilla para intentar después ponerse en pie... ¿Con qué derecho le había puesto una mano encima?