Lírida
El gran astro ardiente apenas asomaba por las colinas que podían divisarse desde los campos traseros del hogar de la chica, quien se desperezaba con cierta lentitud a cada paso que daba. El silencio que reinaba en la ciudad a unas horas tan tempranas no ayudaban a mantener los ojos abiertos, ni mucho menos las órdenes de su madre.
-Coged mantas. Podemos enfriarnos por el camino- Idice señalaba con el dedo a los esclavos de la familia, manteniendolos ocupados durante todo momento bajo distintas demandas que empezaban a dejar de poder suplir con agilidad. -Subid todo al carro. Vamos, vamos. Llegamos tarde- añadió.
-Tarde...- murmuró Lírida saliendo de la casa en dirección al camino de arena y grava en el que se encontraba el carro en el que viajarían, así como Eonindas apoyado sobre el mismo. -Madre dice que llegaremos tarde- explicó la chica acercándose al hombre -Creo que aun no comprende como funciona el tiempo-
-Ya intenté explicarle que tardaremos más de un día en llegar, y que no es la hora de la partida sino la velocidad de los caballos la que determinará en qué tiempo llegaremos.- explicó mientras acariciaba el pelaje espeso y oscuro de los animales, ya preparados para partir.
-¿Quienes vendrán?- preguntó la chica con curiosidad. Eonidas no pudo evitar lanzarle una mirada con cierto interés.
-No soportarías que no viniese con nosotros Teseo ¿Verdad?- Lírida arqueó una ceja ante aquella pregunta, para posteriormente cruzarse de brazos. Sus sentidos le decían que su padre estaba teniendo ideas totalmente erróneas en su cabeza, de modo que negó con la cabeza.
-Estoy enseñando a Teseo aritmética, quisiera que siguiera aprendiendo en estos días de viaje. Y por supuesto, es mi mejor amigo. Creo que es algo natural el querer que me acompañe-
-Tu madre cree que es algo extraño que una joven sin casar no se lleve bien con ningún hombre, a excepción de Teseo-
-Es curioso, porque Teseo se lleva bien con todos los hombres- replicó la chica guiñando el ojo. Eonidas frunció el ceño durante un par de segundos para después suspirar, sabedor de la indirecta de su hija.
-En cualquier caso, no soy yo el que tiene las quejas. Teseo vendrá con nosotros. Athena tambien. Los demás se quedarán aquí para cuidar de la casa y el campo.- Mientras hablaba, Lírida no pudo evitar sonreír con cierta superioridad. Se atrevía a decir que conocía tan bien a su padre, que podía adivinar cada palabra que éste iba a decir antes de que las pronunciase. A fin de cuentas, su relación con él era muy estrecha, al contrario que con su madre.
-Y con esto ya está todo en el carro- anunció el joven esclavo mientras cargaba un saco de manzanas recién sacado de la despensa en dirección al carro. Lírida subió a la parte trasera del mismo y esperó a que sus padres hiciesen lo mismo. En lo más profundo de su ser, no podía negar que su curiosidad se veía sumamente excitada al comprender que iba a ser una de las pocas mujeres del país en contemplar los Juegos.
Teseo
Con las rodillas recogidas entre los brazos, el muchacho se dejaba balancear con el vaivén que el carro producía a medida que los caballos tiraban del mismo, sorteando piedras y baches naturales repartidos por todo el sendero que delimitaba las ciudades. Se miraba las rodillas con cierta atención, huesudas y de piel escamosa, demasiado estropeadas. Recordaba cada caída y cada golpe que desde niño había sufrido como si dichos accidentes sucedieran el día anterior. Tanto las recordaba, que se sobresaltó cuando Lírida golpeó una de sus piernas con cierta violencia.
-¿Me estás escuchando?- el joven se acarició la pierna con rapidez -Dime que no he estado explicando matemáticas a la lona-
-Te estaba escuchando, solo me he distraído un momento-
-Sí, seguro- Lírida suspiró y enrolló el pergamino que tenía en la mano para dejarlo en uno de los pequeños sacos que transportaban -Dime la verdad. No te gusta ¿Verdad?-
-Sí me gusta, de verdad. Quisiera tener todos los conocimientos que tienes-
-Y sin embargo hoy te distraes con facilidad-
-Es que estaba... pensando- murmuró el chico con la cabeza gacha. Aquella actitud tan repentinamente pasiva hizo que Lírida se pusiese seria. Teseo se hizo un hueco en el interior del carro, prediciendo los pasos que la chica daría. Efectivamente, se movió de su situación para sentarse junto al chico, quien suspiró y miró a su amiga con cierta tristeza.
-Algo te aflige-
-Alguna vez ya te lo he comentado- empezó a decir. Tenía la suficiente confianza en su ama como para saber que podía confiarle cualquier pensamiento, incluso el más descabellado de ellos. Era un hecho que, a pesar de ser un esclavo, Lírida le hacía sentirse un hombre libre. Su actitud, el respeto que mostraba hacia él y el trato cordial hacían que se sintiese enormemente afortunado, sobretodo cuando contemplaba la dura vida de otros esclavos con los que a veces se cruzaba. -Me siento realmente emocionado por saber que voy a poder contemplar los Juegos, aunque sea subido a un poste con el resto de esclavos-
-Ni hablar, Teseo. Voy a conseguirte un asiento-
-No deberías preocuparte tanto por mi o un día te meterás en un lío- advirtió -Pero, como decía, a pesar de la emoción, siento que me invade una profunda tristeza. Desde niño he soñado, no solo con asistir a los Juegos, sino con participar en ellos. Se que es imposible dada mi condición, pero... Me contentaría con lanzar una jabalina aún sin público, cuando el lugar esté vacío y solo quedemos la pista y yo- explicó con un enorme brillo en los ojos que hizo que a Lírida se le enterneciera el corazón.
-Lo conseguirás un día. Todo lo que te propongas. Pero no podrás proponerte nada si antes no entiendes lo que te rodea, como la aritmética- bromeó, consiguiendo que Teseo mostrase una leve sonrisa -De verdad, Teseo. Un día lo harás. Un día...- el chico advirtió que su amiga bajaba el tono de voz -Un día las leyes cambiarán. El día que mi opinión tenga voz y voto... Ese día serás libre- El joven decidió callar ante aquellas palabras. ¿Como rebatirlas? ¿Como decirle a su amiga que no creía que tal cosa ocurriese? ¿Como explicarle a su compañera que no existían a penas personas que compartiesen su mismo punto de vista? ¿Como decirle que estaba equivocada? Teseo sonrió mas ampliamente, provocando que Lírida dejase el tema a un lado y se acomodase. -Pero me decepcionas. Pensaba que el conocimiento te gustaba más que el deporte- comentó sacando la lengua.
-¿Y no sería el deporte... algo similar al conocimiento del cuerpo? Me refiero al entrenamiento. Es sabido que los participantes empiezan a entrenar a una edad muy temprana para que hoy sean los profesionales más sobresalientes en su campo. ¿A caso el comprender como funcionan los músculos para conseguir el éxito no sería conocimiento?- preguntó el chico de forma algo acelerada, incluso emocionada dada las probabilidades de acierto de su razonamiento.
-Pues...- Lírida pestañeó -Se puede considerar- añadió, rascándose la barbilla -Pero bajo ese razonamiento, cualquier actividad que implique un ejercicio de los músculos la llamarías conocimiento. ¿Es el sexo un conocimiento? Y con sexo me refiero al acto sexual- preguntó con picardía, alzando una ceja. Teseo se puso ligeramente nervioso.
-Bueno... No exactamente. Creo que debo matizar-
-Matiza mientras contemplas los entrenados cuerpos de los participantes cuando den comienzo las competiciones- bromeó
-Matiza tú, que eres la que aún tiene que casarse-
-Me casaré cuando encuentre a la pareja idónea, la cual dudo que esté entre un montón de cuerpos musculosos y sudorosos que compiten con orgullo bajo el nombre de una ciudad que aun no se encuentra avanzada- replicó. Teseo borró su expresión risueña por un momento. Bajo las palabras de su amiga, se sintió ligeramente superior en ventajas a ella. Mientras que él no tenía por qué relacionarse con nadie que no quisiera, a la chica cada vez le esperaba un futuro más funesto. Temía que si alguna vez Eonidas faltase, su madre la casase con cualquier hombre despreocupado y la alejase de su lado. Incluso empezaba a sospechar que el propio Eonidas la daría a algún hombre si seguía cumpliendo años en el interior de su hogar... Sea como fuere, por una vez en la vida, Teseo podía decir que contaba con una elección la cual la chica, a pesar de no ser esclava, no tenía.
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